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Si trabajas en la Institución Penitenciaria, de cualquiera de las formas que lo hagas, bien como Psicólogo implicado directamente en el tratamiento psico-social de los internados en centros penitenciarios, bien como monitor o voluntarios pertenecientes a Asociaciones, te encuentras ejerciendo tu tarea en un medio realmente conflictivo pero muy receptivo a la aplicación de una terapia como la Gestalt. El gran contenido humanista y emocional de esta terapia crea un acercamiento entre las personas que disminuye de una manera clara y directa la distancia que siempre ha existido y existe entre los profesionales del medio y las personas privadas de libertad. La terapia grupal, la que normalmente se utiliza en este medio, se desarrolla a partir del trabajo de aspectos que tienen que ver con los perfiles de personalidad que se dan en él, así se suele trabajar con: descubrimiento de facetas del yo, relaciones personales, evitación de conflictos, el pensamiento pro social y alternativo, reconocimiento de límites, situaciones de angustia y ansiedad, asunción de responsabilidades y compromiso.
El respeto y la escucha al otro que en esta terapia suele servir como fondo del trabajo terapéutico, supone para las personas recluidas en prisión el origen de un sentimiento de ser atendidos, escuchados y reconocidos, que no se ha dado generalmente en su proceso vital, acostumbrados como están a la marginación. A veces, los prejuicios nos impiden tocar realidades que están a nuestro lado y que necesitan de una mayor atención precisamente porque suelen ser los que menos tienen. Eso ocurre con el medio social penitenciario, medio, hasta ahora que empieza a ser otra cosa, poco atendido y entendido por los profesionales de la Psicología. Os animamos para que a través de la aplicación de la Terapia Gestalt, contribuyáis al desarrollo y crecimiento personal de los internados en centros penitenciarios, estaremos haciendo además de una tarea profesional, una tarea solidaria.
Gloria Corrochano